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Los kurdos: el pueblo olvidado

Luigi Mariani28 enero 2026

Del experimento democrático de Rojava a las nuevas ofensivas de 2026: Luigi Mariani relata seis años de Siria entre resistencia y esperanzas traicionadas. Un análisis profundo sobre el pueblo de los kurdos, que no tiene amigos «sino las montañas».

El inicio de 2026 nos devuelve la imagen de un país en el que las manecillas de la historia parecen haber retrocedido peligrosamente hacia escenarios que se esperaba ya superados. Si la caída de Assad había hecho hipotetizar una transición política, hoy la realidad de los hechos abre un nuevo capítulo de sufrimiento para los civiles. En Siria, lamentablemente, la guerra no se detiene, cambia de rostro y de protagonistas.

Hemos entrevistado a Luigi Mariani, trabajador humanitario que ha vivido durante 6 años en el país, para recoger un testimonio directo sobre esta tierra suspendida entre el sueño de la autonomía y la pesadilla de nuevos conflictos.

Emergencia Alepo, enero de 2026

Más allá del conflicto: el experimento del confederalismo democrático

Has vivido y trabajado en Siria durante años. Más allá de los titulares de los periódicos y de la narrativa mediática, ¿qué tierra has conocido realmente? ¿Qué tipo de Siria surge de tu experiencia directa sobre el terreno?

He vivido y trabajado durante seis años en el área controlada por los kurdos, conocida tradicionalmente como “Rojava” y denominada “Administración Autónoma Democrática de Siria del Norte y del Este” (DAANES), tras las conquistas obtenidas por las fuerzas locales sobre el terreno desde 2012 y la extensión del control a los territorios arrebatados al Estado Islámico. Ya desde el nombre se puede intuir el espíritu libertario e inclusivo que siempre ha animado el llamado “confederalismo democrático”, un modelo político-social no estatal fundado en algunos conceptos básicos como democracia directa, ecología, feminismo y autoorganización.

Un proyecto de paz y convivencia único en su género, abierto a todas las etnias y culturas del territorio, y que yo he tenido el privilegio de poder tocar con mis propias manos. Un experimento que no es de fácil aplicación ni está exento de defectos, pero innovador, moderno y con muchos puntos de contacto con Occidente. Hostigado en parte por motivos ideológicos, además de por cuestiones de equilibrios políticos o disputas territoriales.

En tu experiencia y en la de tus seres queridos, ¿qué significaba y qué significa hoy ser kurdo en Siria? ¿Hay algún episodio que, más que otros, se te haya quedado grabado?

Creo que ser kurdo en Siria (pero también en Turquía, Irak e Irán, y dondequiera que se encuentren), significa ante todo ser y sentirse libre, pero siempre listo para la batalla. Por como lo he conocido yo, el pueblo kurdo es alegre y acogedor; el valor de la resistencia ha sido grabado en su ADN por las circunstancias históricas y por un largo pasado de opresión e injusticia. Porque en el fondo lo que los kurdos querrían es solo vivir en paz. Al no haber podido obtener nunca un estado propio, siempre se han visto obligados a luchar por la supervivencia y por afirmar sus propios derechos: a día de hoy, solo el llamado Kurdistán iraquí goza de una relativa independencia.

También en Siria, tras los acontecimientos de los últimos años, existía la esperanza de que los kurdos pudieran hacerse con un espacio de autonomía; hoy aparece, sin embargo, evidente que la comunidad internacional ha terminado por confiar en las fuerzas kurdas sobre todo en clave anti-ISIS.

Momentos difíciles ha habido muchos durante mi estancia en el NES (Norte y Este de Siria), pero recuerdo en particular un episodio significativo. Era 2018, y nos encontrábamos con algunos colegas en un restaurante de Qamishli para celebrar un aniversario. Precisamente en esas horas, Turquía había iniciado la operación “Rama de Olivo”, con la intención de conquistar Afrin, y noticias dramáticas llegaban desde el frente.

La atmósfera era pesada, pero nuestros colegas se esforzaban por ocultar la tensión. En un momento dado, entonamos todos juntos “Bella ciao”, que en Rojava representa un canto de rebelión y liberación, sin connotaciones políticas particulares. Desde ese día en adelante la escucharía resonar muchas otras veces, en diversas ocasiones, incluso en su versión en lengua kurda.

Raíces y resistencia: la identidad del pueblo del Kurdistán

¿Por qué, según tú, muchos kurdos eligen quedarse y no huir, a pesar de las ofensivas turcas desde el norte y la presión de Damasco desde el sur? ¿Qué representa esta tierra para quien decide defenderla a costa de su vida?

Como he mencionado, en general los kurdos tienen un fuerte sentido identitario que en Siria ni siquiera décadas de represión han podido borrar. Imagínate ahora que han podido acariciar el sueño de una independencia siempre buscada. Estas son sus tierras, las mismas que durante cientos de años poetas, músicos y artistas han declamado, cantado y representado. El tanbur, típico instrumento de cuerda local, para un kurdo es un símbolo de pertenencia potente, al igual que un arma.

Recuerdo aún cuando, en 2019, durante la operación militar iniciada por Turquía y denominada «Fuente de Paz», el personal internacional de las ONG se vio obligado a evacuar al vecino Kurdistán iraquí. Fueron días dramáticos y de gran incertidumbre, porque no sabíamos si volveríamos alguna vez, ni qué destino esperaba a nuestros colegas. En aquella ocasión, escuché a varios de ellos afirmar que estaban listos para empuñar las armas para defender su tierra y a sus seres queridos.

Hace un año caía la dinastía Assad tras medio siglo de poder absoluto. Basándote también en tu experiencia como trabajador humanitario, ¿cómo se vivía y reprimía la identidad kurda durante aquel régimen?

Habiendo llegado en 2017 a Rojava, cuando los kurdos ya estaban consolidando su presencia militar en el noreste de Siria, no pude vivir la experiencia directa de la represión puesta en marcha durante décadas por el régimen de Assad, pero he oído hablar de ella a menudo por quienes la vivieron en primera persona. Ya desde los años sesenta y setenta del siglo pasado, de hecho, el gobierno baathista había llevado adelante una estrategia sistemática de “arabización forzada” de los territorios del norte, transformando de hecho la demografía de algunas zonas a través de la deportación de familias kurdas, la confiscación de sus propiedades y la creación de asentamientos árabes, con el fin de crear el llamado “cinturón árabe” en la frontera con Turquía.

A miles de kurdos se les negó además la ciudadanía siria y el uso de la lengua estaba prohibido en las escuelas, en los documentos oficiales e incluso en la denominación de pueblos y lugares; a pesar de todo, la cultura de este pueblo ha sobrevivido también aquí, gracias sobre todo al fuerte sentido identitario transmitido de familia en familia.

¿Cómo era percibido al-Sharaa por las comunidades kurdas? ¿Hubo alguna vez la esperanza de que reconociera su autonomía?

Pienso que al principio hubo una cierta mezcla de sentimientos al respecto. Por un lado, la pasada militancia en Al Nusra del presidente no podía sino crear desconfianza entre los kurdos, dado que durante años lo habían combatido sobre el terreno. Por otro, el colapso repentino del régimen de Assad abrió nuevos y posibles escenarios de integración de los kurdos en la “nueva Siria”, y quizá había madurado la convicción de poder mantener al menos en parte la autonomía conquistada a un precio tan alto durante los años de conflicto. Tanto más cuanto que Al Sharaa, vestido con chaqueta y corbata, parecía haber adquirido cierta credibilidad, también y sobre todo a nivel internacional.

Las mismas autoridades kurdas quisieron dar desde el principio una señal de disposición al diálogo y a la integración, haciendo izar, por ejemplo, la nueva bandera siria en todos los edificios públicos. Pero muy pronto llegó la primera decepción: la nueva asamblea constituyente, de hecho, confirmó la denominación oficial “República Árabe Siria”, para disgusto de todas las minorías étnicas del país, kurdos incluidos. Diversos encuentros, largas negociaciones y un acuerdo firmado en marzo de 2025 (y nunca implementado) sirvieron de premisa a los eventos del último mes: los enfrentamientos que involucraron a las fuerzas gubernamentales en los barrios kurdos de Alepo, Ashrafieh y Sheikh Maqsoud, el pasado diciembre, y la violencia que le siguió, han abierto una nueva y delicada fase en la disputa entre kurdos y el gobierno interino. Y se puede imaginar que la confianza de los kurdos hoy resulta fuertemente comprometida.

Siria Aleppo
Nuestros voluntarios preparándose para la entrega de comidas calientes para los desplazados

El asedio a los kurdos: el avance de Damasco y la crisis humanitaria

Entre diciembre y enero la escalada ha sido fulminante: desde la caída de Raqqa al ataque directo a las regiones autónomas de Rojava, que resistían desde hace 14 años. ¿Cómo se ha llegado a este punto en tan pocos meses y cuál es la situación humanitaria real sobre el terreno tras los últimos bombardeos?

Tras la rendición de Alepo, se había pedido a las SDF que se retiraran al este del Éufrates. En poco tiempo, sin embargo, la ofensiva del ejército sirio se ha vuelto cada vez más decidida, yendo mucho más allá del objetivo declarado y llegando a ocupar en poco tiempo diversos centros estratégicos, entre ellos Raqqa, ex capital del Estado Islámico. Todas zonas de mayoría árabe que quizás no era de gran interés para los kurdos defender o mantener, tanto que de algunas de ellas se retiraron voluntariamente, basándose en acuerdos y treguas frágiles, a menudo no respetadas.

Para facilitar el avance sobre el terreno – además del sustancial inmovilismo de las fuerzas de coalición lideradas por los estadounidenses – han contribuido algunas tribus árabes locales, que han modificado progresivamente su posicionamiento, abriendo de hecho el camino a las tropas gubernamentales. Un dicho recurrente resume, con amargura, este sentido de aislamiento: “Los kurdos no tienen amigos, sino solo las montañas”.

El avance por el momento se ha detenido a las puertas de Hassakeh (ciudad de mayoría árabe, pero con una significativa presencia kurda), por petición expresa de los estadounidenses; en la ciudad se encuentra de hecho la prisión de Sinaa, que alberga a unos 5.000 milicianos del ISIS, y parece que hay un acuerdo para trasladarlos a Irak. Al momento hay, por tanto, en curso un frágil alto el fuego, que parece funcional para garantizar esta operación, después de lo cual nadie sabe qué sucederá.

Mientras tanto, los enfrentamientos han provocado una nueva crisis humanitaria. Desde el 22 de enero, más de 15.000 desplazados se han visto obligados a huir al norte de Hassakeh, la mayoría alrededor de las ciudades de Qamishli y Al-Malikeyyeh: las necesidades más urgentes se refieren a alojamientos de emergencia y bienes para el invierno, asistencia alimentaria o en efectivo, servicios médicos móviles e intervenciones higiénico-sanitarias para prevenir epidemias. Se requiere también un apoyo psicosocial para proteger a los más vulnerables, es decir, mujeres y niños, considerando que muchas familias han sido desplazadas incluso cuatro o cinco veces en los últimos años.

Un drama dentro del drama se está viviendo en Kobane, hoy nuevamente bajo asedio. También allí han encontrado refugio varios miles de desplazados, pero en el área se han interrumpido los suministros de agua y electricidad; una tormenta de nieve ha agravado aún más la situación y la población se ve obligada a derretir el hielo para beber. Cinco niños han muerto ya debido a las gélidas temperaturas invernales. Se ha abierto un corredor humanitario para el envío de ayuda, con la autorización del gobierno, pero con la batalla que se perfila en el horizonte las perspectivas no son buenas.

Después de todo lo que ha pasado, según tú, ¿hay todavía espacio para un compromiso que salve la autonomía kurda?

Hoy, lo que prevalece en Mazloum Abdi, comandante general de las SDF encargado de la negociación con el gobierno interino, es probablemente la voluntad de ahorrar a su pueblo un baño de sangre, aun con la conciencia de que cualquier acuerdo corre el riesgo de volverse en su contra. Por ello ha lanzado un llamamiento a una movilización general a todos los kurdos de Siria y de los países limítrofes, y la respuesta ha sido imponente. En cualquier caso, considerando que la perspectiva es entrar a formar parte – desde el punto de vista institucional – del estado sirio, la prioridad de las autoridades kurdas debería ser la de poner a salvo a los civiles y garantizar que no se repitan las masacres ya vistas lamentablemente en otras zonas del país.

Bajo este perfil, la autonomía no parece ser ya una opción. Ciertamente, al leer el preámbulo del contrato social con el que se instituyó la DAANES, entra una cierta amargura, y se hace fuerte la sensación de un sueño de paz y libertad ya desvanecido: “Nosotros, hijas e hijos de Siria nororiental – kurdos, árabes, asirios siriacos, turcomanos, armenios, circasianos, chechenos, musulmanes, cristianos y yazidíes – en la conciencia y la convicción del deber sobre nosotros que viene de los mártires, en respuesta a las peticiones de nuestros pueblos de vivir de modo digno y en respuesta a los grandes sacrificios realizados por los sirios, nos hemos reunido para establecer un sistema democrático en Siria nororiental, para formar una base para la construcción de una Siria futura, sin tendencias racistas, discriminaciones, exclusiones o marginación de ninguna identidad.”